¡A Mil Por Hora! Medio ocre

Más que en la edad hay que fijarse en cómo pilotan: Juan Manuel Fangio ganó su primer Gran Premio a los 39 años, mientras que Max Verstappen debutó en la F1 a los 17 años.

Cada quien tiene su color preferido y uno por uno, sirve para iluminar la realidad. Describen estados de ánimo. Las almas más sensibles los ven diferentes según escuchan las diversas notas musicales. En el canto se sienten las coloraturas ¿Ya lo percibió usted alguna vez?

En cambio, en el arte poética, las vocales son de los colores primarios y, combinadas en las sílabas, matizan el verso y hasta a un poema completo. Hay ideas verdes y viejos de ese color. Oscuros pensamientos. Rosas siempre rosas. Chistes o anécdotas, colorados.

El azul, trae a colación la melancolía, cierta tristeza. El Blues tiene que ser cadencioso y meláncolico, sino suena a otra cosa. El colorado granate, es amigo del sol, de la vida. El amarillo es para las mujeres atrevidas que se visten así. El morado es típico de la cuaresma como lo es el pescado y el marisco. El blanco, es el de la cruel ausencia, y el negro, el de la totalidad.

Un color que se casi siempre se rechaza es el ocre, por su connotación escatológica. Peor que el teñido con ese tono, es la persona medio-ocre. Y aún más grave, la medio-ocre, que se desempeña en el mundo profesional.

Paráfrasis para decir que entre los deportistas, sean del fut o del tenis; los toreros, o más aún, entre los pilotos de alta velocidad: los hay brillantes, y otros muy deficientes. Pero son los gafes, los fake o los chafas los que hacen temer lo peor, el bostezo: esos que se escabullen entre unos y otros. Ni limonada verde, ni naranjada del color de la naranja. Son los perfectos mediocres. La pereza personificada.

El diletante los reconoce. El payo los ignora. Casi nunca el profesional de la comunicación, los señala. Ya que el mediocre apena. Es hábil para relacionarse y, las más de las veces, se le disculpa por ser precisamente, tan anodino.

Números van y vienen

Las carreras de Fórmula 1, reguladas oficialmente desde 1950, llevan un récord de cada conductor que ha participado. En la colección total de Grandes Premios se han inscrito, al menos, 980 pilotos, de quienes está su registro palpable. Y ya se llegó el domingo más reciente a las 930 justas jugadas.

Con tanto tiempo y dado ese número mayúsculo de pruebas vistas, es lógico que su fauna dé cuenta de todas las especies. Los considerados inmortales, algunos que han sido extraordinarios, otros muy competentes. Unos con gran profesionalidad, los temerarios y aquellos que han pasado como estrellas fugaces. Los ha habido francamente malos, algunos intermitentes, otros con carisma y los que: ni fu ni fa. Ajá, esos…

No se trata de tipos cualquiera. No. Son profesionales de alto riesgo que viven en un trajín azaroso y, muy a pesar de ello: son el anhelo —o sueño guajiro— de una cantidad impresionante de muchachos por el mundo. Actividad muy distinguida. Excitante. Que acarrea la fama y la admiración, es de lo más normal, que conlleve hasta gran fortuna material.

El perfil de los corredores cambió con el tiempo. Antes, fueron timoneros, no tan bisoños, como el pentacampeón Fangio, que jugó su primer Grand Prix con 39 años. En cambio, el holandés Max Verstappen quien ha empezado su andadura apenas en esta campaña de 2015, con 17 años cumplidos y siete meses. Él, ha tenido dos gracias en especial.

La primera es, que ha agitado las aguas hasta el grado en que la FIA ya lo reglamentó, para que en adelante, tengan que ser mayores de 18 años –bien comprobados– a los que se les dé la súper licencia para lanzarse en el mundo de El Gran Circus.

La segunda, no es menos importante: Max ha anotado puntos en seis oportunidades en la temporada. Su compañero de equipo –también iniciando en esta campaña, pero contando los 21 años– el español, Carlos Sainz, lo ha podido hacer igual, en media docena de oportunidades.

M. V., ocupa el doceavo sitio en la tabla de posiciones y Carlos, el quinceavo. En la suma de puntos, van 32 X 12 a favor del, hasta hoy, menor.

Es decir, que la edad no ha sido un impedimento para que el performance de él, sea aceptable ¿o sí? Lo que se destaca entonces, es la coloratura. Pues bien. Por donde se la quiera ver, la del hijo de Jos Verstappen, es luminosa. Bienvenido, porque le ha agregado ricas especias al torneo.

Años atrás, llegaban a la F1 aurigas que eran mecánicos o, al menos, que estaban muy cerca de los grandes ases de la cándida tecnología de entonces. El más distinguido pudo haber sido Bruce McLaren, un neozelandés genial.

Ahora, empiezan desde chiquillos y parece más hábil el que juega mejor al Nintendo, mas no por eso debe de ser bueno en sí. Les ordenan que hagan mucho de lo qie llaman el trabajo con los simuladores. O sea, que es una simulación.

 Un gran piloto, ha de tener instinto ganador. Se ha visto que la publicidad y el interés de los negociantes, inducen a que lleguen monedas de tres pesos a las pistas y asimismo, a que permanezcan unos que nada más, impiden el paso a volantes que traerían otro nuevo colorido.

Conózca las imitaciones y cuídese de ellas. Gatos o liebres que no por brillar, han de ser de oro.

Amigable mente,

Ángelo della Corsa

Sé parte de algo grande

Escribe un comentario
Mostrar comentarios
Acerca de este artículo
Series F1
Pilotos Juan Manuel Fangio , Carlos Sainz Jr. , Max Verstappen
Tipo de artículo Análisis
Etiquetas carlos sainz, fangio, verstappen