¡A Mil Por Hora!: Paradise, o el hábito por las manzanas

Angelo della Corsa pide darles más posibilidades a las mujeres para que se sienten al volante de los autos de carrera más veloces del mundo.

En italiano se llama a los autos máquinas. Al coche campeón del año pasado se lo nombra como Mercedes. La Fórmula Uno es de género femenino y también la velocidad, la carrera y la victoria. Feliz coincidencia, porque lo mejor que ha dado la naturaleza es de color de rosa, el signo de la fertilidad.

Gunter Grass, un apasionado de lo intempestivo, de la vida, también de como vivirla y genial en cómo relatarla, fue tácito: " La mitad de los seres humanos que ha habido, por siempre, son mujeres. La otra mitad, sus hijos" ¡Ah candado mondado! 

MUNDO FEMENINO

El deporte subido en cuatro ruedas tiene su fascinación por la manera en que se implica con el resto de lo que es importante. Hasta con lo que no se ve, como es el asunto de las creencias. Porque mire usted que las competiciones en autos más pretenciosas de la historia tienen dos citas en la campaña, en los cuales las mujeres son casi un objeto. Baréin y Abu Dabi.

En esos reinos o emiratos en los que se habla en árabe y que están cerca del Golfo Pérsico, la mayoría de sus habitantes —autóctonos— observa los mandatos islámicos con mucho respeto por sus leyes y sus costumbres; cosa que sucede también en varios países vecinos. Y parece tan bueno, como donde priva la fe budista, el hinduismo, la venida de un mesías o las creencias sobre Jesús el Cristo. Se trata de llevar la vida respetando a las personas, los animales y las cosas…

Al margen del tema de "las confesiones", el frenesí de la velocidad y la admiración por la mujer combinan de maravilla. No por razones de la femineidad pura y dura y menos, por pecar de frívolos a lo tonto. Al contrario, partiendo de que son el ser más soberano de la civilización. Ellas mandan en las cosas del amor ¿cierto o no?

Dentro de lo equipos de F 1 en liza están inscritas como conductoras en desarrollo -con lo que esto quiera significar- la escocesa Susie Wolff y la española Carmen Jordá; la primera en Williams y la segunda en Lotus. Dos muchachas que pilotan coches que corren por encima de los 350 Kph.

El 11 de octubre de 2013 falleció la madrileña María de Villota, quien hacía parte del equipo Marussia. En julio de 2012, sufrió un accidente lamentable y muy severo que la hizo perder el ojo derecho. Sus secuelas fueron fatales.

El llamado sexo débil ha estado. Las tres nombradas, no son las primeras en la F 1, lo hicieron antes: las italianas María Teresa de Filippis y Lella Lombardi; la inglesa Divina Galica; también Desiré Wilson, de Sudáfrica, y por fin, Giovanna Amati, otra ragazza de Italia. Fue en años que van desde 1954, hasta 1992.

En tiempos de Adán y Eva sí que se justificaba de alguna manera el tratamiento diferente para ella y para él, hasta con derechos distintos, si se quiere. Una mandaba y el otro obedecía. Una cortaba las manzanas del árbol del bien y de mal y otro, las degustaba glotón como sólo lo fue el padre prístino.

Ahora por estos días, cuando se habla de que somos más de siete mil millones de cabezas de bípedos superiores, dotados de inteligencia: es absurdo —por decir lo menos— que argumentando las creencias, a las mujeres no se les permita conducir un auto en la calle. Como si no se dejara a los hombres participar en cosas del hogar o preparar un asado a la uruguaya.

Los roles determinantes, los perfiles fijos: son un asunto obsoleto per se.

Sin necesidad de despertar a la polémica, tantas veces estéril. Bien se puede afirmar que ambos géneros pueden y deben intercambiar funciones con más elegancia y raciocinio, si se han de comparar con los quehaceres del macho y la hembra en el resto de las especies.

Las cosas cambian, pero aun así, esta prohibición de manejar autos a unas y no a otros, va en contra de la consigna de Bernie Ecclestone que reza: antes de conducir, piénselo. Pensarlo todas las veces que se necesite, pero no impedirlo.

La pretensión de los seres humanos es otra: insertarse en el mundo.

Basta con aquella diáspora tan angustiosa que puso a los primeros padres fuera del paraíso terrenal por culpa de una fruta con ese gusanillo de la duda dentro. Vivida y sobrepasada ya esa aventura tan injusta, está dado un argumento suficiente para no aceptar medidas a toda luz asombrosas ¡Las mujeres al volante! ¡Sí!

Amigable mente,

Ángelo della Corsa

www.tf1.mx

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Acerca de este artículo
Series F1
Tipo de artículo Análisis