So tall, so fast, so gentleman…

Luis Manuel "Chacho" López nos habla en su columna OnTrack sobre todo un caballero de las pistas, ese personaje que nos dejó hace unos días llamado Justin Wilson.

Su gesto característico era una sonrisa abierta, sin importar el momento. Y luego te ofrecía la palma derecha abierta y con una mirada de invitación para estrechar las manos. Justin fue sumamente rápido y talentoso como piloto, fue un cazador implacable de rivales, tremendamente alto, pero su verdadera estatura fue la calidad humana.

La sacudida de su muerte nos llevó sin escalas al debate. Nadie quisiera ver otro caso tan fortuito y letal como el de Justin, pero en medio del shock pienso que hemos caminado de largo ante a la personalidad de un gran piloto.

Tuve el privilegio de conocerlo un día en Silverstone, cuando probaba para Eddie Jordan quien le había echado el ojo tal como hizo con Michael Schumacher, pero esta vez Jordan se frotaba las manos al tener, según sus palabras, a un verdadero "British diamond" del mundo racing.

Wilson captaba la atención por su altura. Sólo había que ponerle unos zapatos tenis y, ¡no habría duda!, todos dirían que se trataba de un basquetbolista, o un jugador de volibol, o algo más, todo, menos un piloto. Pero, medir 1.94 en el automovilismo de monoplazas, no es una carga fácil de llevar.

En esa prueba de Fórmula 1 con Jordan, los mecánicos tardaron toda la mañana en modificar el cockpit, la pedalera, Wilson corrió sin asiento de protección, en fin. La broma clásica era decir que tenía que plegarse para caber en el auto.

Con tiempo limitado para trabajar, salió a la pista y giró pocas vueltas antes del cierre, al no haber registros oficiales, la clasificación de tiempos era mental y los miembros del equipo divulgaron que la mejor vuelta de Justin había quedado a sólo cuatro décimas del McLaren de primer lugar con David Coulthard y del Jaguar de Eddie Irvine, detrás, quedaron Jacques Villeneuve, con el BAR, y algunos otros.

Eddie Jordan se sacaba fotos con Justin mostrando los cuatro dedos de la mano derecha, resaltando las décimas de diferencia entre el McLaren y su auto, tripulado por el joven piloto británico. Justin tenía una mancha de sangre en ambas rodillas que contrastaba con el nómex amarillo.

Y es que había que joderse, literal, para caber en el auto, de hecho anclaba las rodillas contra la parte superior de la cabina y tenía que maniobrar apenas con el medio movimiento que los tobillos le permitían.

Después lo encontré probando suerte en Champcar contratado por el equipo Conquest Racing, comencé a hacer regularmente entrevistas con él sobre varios temas, su altura, las carreras, posibilidades de victoria, pero recuerdo la primera de ellas cuando le cuestioné si podría acoplarse rápido a los óvalos. Me contestó: "Soy británico, me adapto a todo…".

Calificaba con una velocidad brutal, era un gran sprinter y se le elogiaba por sus trazos de pista sumamente agresivos. Recientemente Oriol Serviá dio una referencia magnífica que lo definió en la serie: "Si lo tenías detrás, era como un perro rabioso que se acercaba para morderte; logró tener un control admirable para superar las turbulencias y manejaba presionando muy, muy cerca".

'Badass' como le nombraron sus colegas, marcó en LeMans vuelta rápida en sus turnos nocturnos, ganó las 24 horas de Daytona y, en algo que me impresionó y lo marcó para siempre en mi país, fue vencedor de una carrera de Champcar en el Autódromo Hermanos Rodríguez.

Fue 2005, apenas su segunda campaña, le había robado algunos triunfos al invencible multicampeón Sebastien Bourdais, a bordo de un coche de equipo nuevo como RuSport Motorsports; llegó a la ciudad de México, dibujó su pole e iluminó el fin de temporada con una victoria indiscutible, en la pista del DF donde Bourdais se daba toda clase de lujos.

Coincidimos bastante, no te diré que hicimos una gran amistad porque siempre falta el tiempo, pero se trataba sin temor a equivocarme, del piloto más atento, dispuesto y cordial que había conocido.

Dos ocasiones ganó el trofeo 'Greg Moore Legacy', que los pilotos otorgan año con año al mejor compañero de la temporada, pero su sello de distinción fue la velocidad, tenacidad, entrega con que superó una paradójica deficiencia física, en este caso para el automovilismo, la altura de su cuerpo.

No la pasa uno bien al debatir sobre los accidentes, cómo evitarlos y demás, sobre todo cuando estos acontecimientos vuelven a ser, si no frecuentes, sí continuos. Pero la he pasado tan bien al recordar otra vez los momentos privilegiados que me ha regalado este deporte, como conocer a un atleta y un ser humano de gran clase como Justin. Rest in peace, my friend.

Sé parte de algo grande

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Acerca de este artículo
Series IndyCar , F1
Pilotos Justin Wilson
Tipo de artículo Artículo especial
Etiquetas justin wilson