Enemigos íntimos

Martín Urruty, nuestro experto en MotoGP, nos habla sobre dos pilotos que tienen un pasado, presente y futuro muy cercano: Valentino Rossi y Jorge Lorenzo, quienes pelearán hasta el final para definir entre ellos al nuevo campeón del mundo.

Cuando Valentino Rossi, desahuciado en Ducati, empezó a tocar la puerta de fábricas japonesas para cambiar de equipo en 2013, surgió una división en Yamaha: cuentan que los responsables del área deportiva creían que los mejores días del italiano habían pasado y que era mejor buscar a un piloto más joven; desde la división comercial, en cambio, se mostraron encantados con la vuelta del italiano. El Doctor es, por lejos, el corredor que más vende en MotoGP y quien mejor retorno general da a los patrocinadores. El contrato de Jorge Lorenzo, el español al que la casa de Iwata había ungido como emblema, no presentaba ningún escollo para el retorno del heptacampeón. Lorenzo no había impuesto ninguna cláusula, quizá por la manera en la que Vale se había ido, como para no volver, o acaso porque el palmesano no le temía ya que lo había doblegado en el último año juntos.

Rossi y Lorenzo, compañeros en Yamaha por sexta temporada en las últimas ocho, definirán entre sí este año el título de la categoría reina. Porque aunque la aritmética aún les deje chances a Marc Márquez, Andrea Iannone, Andrea Dovizioso, Bradley Smith y hasta a Dani Pedrosa, la caída del bicampeón Márquez en el Gran Premio británico lo quitó de la ecuación real. Vale y Jorge decidirán un campeonato mano a mano por primera vez. En las anteriores dos consagraciones de Rossi, en 2008 y 2009, Lorenzo no tuvo incidencia: el primer año era novato y en el segundo no llegó a dar pelea. El italiano vio de lejos las consagraciones del español: lesionado en un hombro temprano y fracturado en la pierna derecha después, Vale no lo molestó en 2010 y menos desde Ducati en 2012.

La convivencia actual entre los pilotos que suman entre sí 13 mundiales se parece nada al tortuoso trienio del primer período, de 2008 a 2010. Valentino, se recuerda, pidió cambiar de proveedor de neumáticos y así quedaron divididos los boxes con un tabique: de un lado, la moto número 46 calzada con Bridgestone; del otro, la máquina -en ese tiempo 48- de Lorenzo montada sobre Michelin, que ya venía equipando a la escudería oficial. Ese secretismo contribuyó a una relación más tirante. Y cuando Rossi detectó que ya no era el preferido de la marca, lo dijo públicamente y se fue a Ducati. Desde la vuelta en 2013, cargada de elogios de Valentino a Jorge, la relación ha sido armónica. Sin embargo, nunca se han enfrentado en un lance parecido.

Lin Jarvis, el director del equipo, sonríe entre complacido y nervioso últimamente en el paddock: la situación actual (nueve triunfos de Yamaha en 12 carreras) parecía utópica hasta en la imaginación un año atrás. El siguiente paso, también impensado, con los dos pilotos de la escuadra definiendo mano a mano, también resultó insospechada. El directivo espera que el sano equilibrio actual, donde la competencia parece circunscripta al desarrollo de puestas a punto y a la pelea en pista, no sea alterado con politiquería de entrecasa hecha pública ni vedettismos de otro tiempo.

Rossi puede jugar con la mente de otro piloto mejor que nadie. Supo hacerlo con Massimiliano Biaggi incluso antes de subirse a una 500 cc. Después desestabilizó a Sete Gibernau. Es probable que intente mellar a Lorenzo en la media docena de fechas que faltan. Si lo consigue, ya sea siendo más rápido en pista y apuntalándolo con declaraciones filosas hechas como al pasar, como cargando de favoritismo al mallorquín o con otras insinuaciones, podrá sacar ventaja. Esta versión de Lorenzo, madura, mejorada, quizá soporte una posible andanada y conteste desde el manillar de la M1.

Más cerca de cumplir 37 años, con Honda fuera de concurso, Ducati aún lejos del juego grande y el resto de los modelos en desarrollo, Rossi sabe que probablemente no tenga mejor oportunidad que ésta para lograr su décima corona, octava en la cilindrada mayor. Que nadie espere que la deje pasar con prematura resignación. Ese manso Valentino que dos años y medio atrás aseguró que el piloto número 1 de Yamaha era Lorenzo y que con su regreso no buscaba más que medirse con el resto en una moto competitiva, pertenece a una versión anterior. Ésta, actualizada, corregida y operativa en 2015, compite en prestaciones con las mejores del mercado. Y conserva viejos trucos a los que echar mano.

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Acerca de este artículo
Series MotoGP
Evento GP de San Marino
Pista Misano
Pilotos Valentino Rossi
Equipos Yamaha Factory Racing
Tipo de artículo Artículo especial