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'Marko, poca anestesia para tanto bisturí', por Adrián Puente

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'Marko, poca anestesia para tanto bisturí', por Adrián Puente
Por:
15 ago. 2019 19:28

El cambio de Alexander Albon por Pierre Gasly en Red Bull tiene como protagonista a un hombre que desde hace décadas se destaca por su frialdad.

Mano de hierro. Hierro caliente, filoso y sin anestésicos cuando tiene que ser aplicado para amputar un problema de Red Bull. Helmut Marko lo hizo de nuevo. Cortó con precisión y sin piedad. Volvió a dar el mismo mensaje de siempre, como sucediera con exacto rigor con el primer piloto promocionado por la escuela de la compañía, el austriaco Christian Klien. Incluso más allá de la tolerancia sugerida por el dueño del equipo, compatriota de ambos.

La misma vehemencia aplicada a su primer niño mimado, el español Jaime Alguersuari. O tal vez, hasta al propio Juan Pablo Montoya cuando siendo dueño del RMSMarko le pegó un portazo al colombiano y a su padre, enojado por el fichaje con el equipo Super Nova.

Marko sentó las bases y las reglas a seguir desde aquellos lejanos primeros movimientos del Red Bull Junior Team en 1999. Tenaz gestor, modesto piloto de F1, pero notable protagonista en Resistencia. Se recuerda su victoria en Le Mans en 1971 y el récord vigente hasta 2010 de recorrer más de cinco mil kilómetros a una velocidad promedio de 222 km/h. Pero también un accidente que forjó un carácter áspero e irascible tras perder la visión de su ojo izquierdo: una piedra lanzada por el Lotus de Emerson Fittipaldi en Clermont Ferrand atravesó su casco, y le cambió la vida para siempre.

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Nada fue como al principio, pero ya convencido su íntimo amigo Dietrich Mateschitz, dueño de la compañía de bebidas energizantes, el proyecto Red Bull se puso en marcha, pero claro, con otras víctimas. Vitantonio Liuzzi, Sebastian Buemi, Bourdais, Jean-Eric Vergne, Scott Speed, Robert Doornbos, Daniil Kvyat y Carlos Sainz Jr. Nada que deba sorprender al nuevo degradado de la factoría austriaca, Pierre Gasly.

El francés puede argumentar que hasta Hungría no tenía señales claras de los administradores del equipo respecto a su futuro. Pero su rendimiento en pista se encargó de tallar los límites de la paciencia de Marko. Primero el golpe en la pretemporada en Barcelona, luego el abandono en Bakú, y apenas algunos puntos que contrastaron fuertemente con el vértigo de Max Verstappen, incluida su victoria en Austria.

El punto más denigrante para la experiencia del galo en Red Bull, fue la réplica de la puesta a punto del auto de su compañero holandés, para el gran premio de Silverstone, que además representó su mejor carrera del año con un cuarto lugar. Pero el cambio elevó el techo, y todo lo que siguió a la carrera inglesa minó el campo de Gasly. Choque en Alemania -donde ganó Verstappen-, pole de Max en Hungria, y un ritmo incompatible con las aspiraciones del equipo.

Marko propone desde Red Bull una gestión “montaña rusa”. Desde la curva más alta que representa Verstappen, hasta el abismo administrativo que recae en un nombre impensado, Alexander Albon. Nativo de Inglaterra pero con orígenes familiares en Tailandia, el sustituto de Gasly sabe que está ante la oportunidad más grande de su vida para todos los escenarios posibles. Los mejores y los peores. Por lo pronto, debe manejar un delicado equilibrio entre el intocable "Principe de Orange", la obligación de ser valiente y veloz, y además ganarse la primera sonrisa del hombre que en la estructura del equipo, otra vez fue Nerón en este Coliseo que representa la F1.

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Campeonatos Fórmula 1
Autor Adrián Puente