¡A Mil Por Hora!

Angelo della Corsa nos habla de la Duplas, Héroes y antihéroes en la batalla.

Desde siempre aunque haya muchos personajes en una historia o en una cuestión, la médula del tema suele descansar en dos mortales o dos divinidades. Caín y Abel, o el santo y el demonio. Barcelona o el Real Madrid; Rusia contra los Estados Unidos; o bien, los creyentes que quieren derrotar a los escépticos. Técnicos y rudos liados entre sí.

En la Fórmula 1 no tendría porque ser muy diferente. La rivalidad acaba por centrarse en dos personajes cenitales. Hubo la época maravillosa de Enzo Ferrari y Colin Chapman en los sillones de mando. También, duró décadas la de Ron Dennis queriendo ser más que Luca Cordero, como gestor en un equipo. No hace tanto, fueron los pulsos entre Ross Brawn y Adrian Newey ocupados por los planos de creatividad y de la ingeniería, bien dispuestos a demostrar la valía de uno, más que la del otro.

Entre los pilotos del más alto rango, no había una sola razón que tuviera que marcar la excepcionalidad. Desde los años tempranos, quedaron escritos y descritos como proverbiales los enfrentamientos entre Juan Manuel Fangio y Alberto Ascari. También, en sus días, cuando Carlos Reutemann colisionó y fuerte contra Alan Jones. Ha sido inolvidable y más que desgraciada, la pugna que sostuvieron Didier Pironí y Gilles Villeneuve. O aquellas que rozaban lo chusco, protagonizadas por Nelson Piquet empecinado en sumir a Nigel Mansell en el desconsuelo.

Casi todos los que han seguido por años las peripecias de La Carpa, coinciden en catalogar como una de las rivalidades más ácidas sobre todas las que se vieron y se vivieron: las protagonizadas en los días de Alain Prost y Ayrton Senna.

Aquí, viene a colación una particularidad determinante ya ha sido que, ellos chocaron, como colegas bajo el escudo del mismo equipo y también como enemigos en escuderías por siempre encontradas, y casi en igualdad de potencias.

Pasa que cuando uno de los dos duelistas cambia de equipo, de manera que, uno quede en uno muy fuerte y otro en uno débil, los enfrentamientos pierden su voltaje. Pasó con Fangio y Ascari, también con Reutemann y Jones, y desde luego que con Mansell y Piquet.

El cariz que tomó la escisión del dueto Alain-Ayrton, se volvió todavía más escalofriante cuando uno defendía al equipo inglés contra el otro que lo hacía, salvaguardando al italiano. Ya era una guerra de tribus y de seguidores por todo el mundo.

Por cierto, en cada desencuentro entre dos grandes, lo más normal es que la afición también se parta: unos con el bueno y otros, con el mejor. Hasta enceguecer la polémica y que no haya posibilidad de avenir. Cada cual elige a su gallo y está con él, hasta la muerte.

Lo normal es que cada parte que discuta, esté llena de razones de mucho peso para sostener su verdad. Y aunque pasen los años, quienes veían en uno la magia y en el otro la riqueza cerebral, seguirán asegurando que su piloto fue el mejor. Tal vez por poco, pero superior, al fin de cuentas.

HACE POCO

Lo maravilloso y también increíble es que, en estos escenarios ya polarizados, el resto de los contendientes figuren como mera comparsa. En épocas recientes y aunque fue breve la disputa, es innegable que salieron chispas de las guerras entre Lewis Hamilton y Fernando Alonso, cuando les tocó compartir fosos con McLaren. Era la temporada de 2007 y el español llegaba al equipo de Woking, con el aura de haber sido dos veces campeón del mundo al servicio de Renault. Por su parte, el británico debutaba pero no como un hijo de vecino, sino como el polluelo que había empollado Ron Dennis.

El año fue de un desgaste fenomenal, del que sin duda, sacó la peor parte Alonso. En tal campaña de 2007, era tan ajustado el favor que le hacían las condiciones externas a cada cual, que terminaron empatados en puntos, como los segundos del Standing, regalándole el cetro en charola de oro a Kimi Raikkonen de Ferrari, quien a la postre se coronó, con tan sólo una unidad de diferencia. No supieron para quien trabajaron…

Un año después, gozaba Lewis, recogiendo su primera corona; en tanto que Fernando erraba, siendo apenas el quinto del torneo, en un Renault que ya no era de aquellos coches en amarillo, maravillosos.

Mientras que McLaren, regresaba a otra luna de miel con Mercedes Benz, como la que vivieron en 1998 con Mika Hakkinen. Los enojos y sus experiencias amargas del año previo, hicieron madurar al –entonces– joven piloto inglés, quien en su segunda temporada en la F1, ya se consagraba como monarca.

De 2009 a 2012, Lewis Hamilton se tomó la vida como un sabático. La marca Nicole Schetzinger –su enamorada– hizo las veces de escudería y bien blindada, a base de enojos y reconciliaciones. Para 2013, le pegó la suerte en la cabeza un mazazo: Ross Brawn lo lleva, casi de las orejas, a Mercedes AMG para reemplazar al siete veces campeón, Michael Schumacher. Cuánta tinta se derramó en augurios. Y lo cierto ha sido, que la fortuna sonreía esperando por él.  

Para Fernando Alonso, fue un salto en el vacío: llegó en 2010 a Ferrari a construir un castillo en el aire, porque el resto de las variables estaban en proceso de des-construcción. Desde Emilio Botín su mecenas, hasta la cúpula de FIAT-Chrysler-Ferrari: acabaron por ser un vendaval sin rumbo. Ya no hubo coronas, aunque sí, muchos euros.

Esos caminos divergentes ha sido casi, el final de la historia de la más reciente de las rivalidades muy enconadas.

Y eso, tomando en consideración que en lo que va del siglo XXI ha habido hasta seis campeones mundiales en las pistas.

Las riñas más vivaces, rozando la actualidad, han sido entre miembros de un mismo equipo. La primera de ellas, dentro de Red Bull, más tarde llamado Infiniti-Red Bull, con Sebastian Vettel y Mark Webber. Y otra más, en el seno de Mercedes AMG, con Hamilton y Nico Rosberg.

Hay quienes han querido inflar estas guerras intestinas, aduciendo que son casi-casi conflagraciones mundiales. Otros, dicen que han sido meros encuentros entre leones, contra monos amarrados.

En los años de 2010, 2011, 2012 y 2013 cuando se coronó monarca el alemán Vettel, el australiano quedó: tercero, tercero, sexto y tercero en la tabla de posiciones. En realidad, Mark nunca representó un serio peligro frente al talento natural de su compañero de establo.

Por otra parte. Desde 2013 en que trabajan juntos, con las Flechas de Plata, Lewis ha sido el cuarto en 2013 y campeón en 2014 y 2015. En tanto que Nico, fue el sexto en 2013, subcampeón un año más tarde, y tal vez, de nuevo subcampeón en 2015. Por obtención de puntos, ha habido diferencias entre ellos de: 189 X 171 en el primer año; 384 X 317 en el segundo y, 345 X 272 –hasta antes de llegar al GP de Brasil– en todo caso, las tres veces, a favor del inglés. Es decir, que no hubo tal regateo, propio de un enfrentamiento de verdad brutal. Hamilton, ha dominado a placer.

El número de los totales de victorias, descara más todavía, la distancia que hay entre los dizque tremendos rivales: Vettel lleva en sus totales, 42 triunfos (el 26.92%) Webber, acumuló sólo 9 (el 4.19%). Por su lado, Hamilton cuenta 43 victorias (esto es el 26.06%) y Nico, nada más 12 (con sólo el 6.56% de productividad) de modo que, está más que claro que quienes dominaron: son ganadores naturales y quienes fueron sometidos, no lo son.

EL CHOQUE DEL SIGLO

A sabiendas de que es un imposible. Se vale imaginar algo así como el sueño y la pesadilla de todo aficionado. Sería el hecho de presenciar tres enfrentamientos entre: Fernando Alonso, Lewis Hamilton y Sebastian Vettel, con los tres tripulando un McLaren-Honda en Suzuka. Uno más, con los tres pilotos en Spa, subidos en Mercedes AMG y un último choque de estrellas, en Monza, y la tercia a bordo de autos de Ferrari.

Se podría sacar por fin una conclusión cuasi-científica: el más rápido sería Hamilton. El más aguzado Vettel y el más completo, Alonso. Porque cada uno, es de suponer, ganaría una de las tres carreras.

O tal vez pasaría todo lo contrario.

Pero ello, tampoco lo verán los ojitos de estos planetarios, que algún día tendrán que dejar su planeta. Y dejar a alguien que quedara encargado de apagar el proyector de tal película de fanta-ciencia. 

¡Soñar no está prohibido!  

Amigable mente,

Ángelo della Corsa

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Acerca de este artículo
Series F1
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