¡A Mil Por Hora! Desde Woking

Un laboratorio de alta velocidad

Los nombres ilustres de gente metida en serio con las más grandes prestaciones en los coches de carreras en Gran Bretaña, puede no tener fin: Tony Vandervell de Vanwall, Nick Fry, Morris Nunn
de Ensing, Alex Hawkridge con sus Toleman, o el estrafalario Tom Walkinshaw y sus furiosos felinos; así como una infinidad de mecánicos o grandes diseñadores de autos de carreras, por mencionar tan sólo a: Gordon Murray, Gary Anderson, Adrian Newey o Rory Byrne como insignias de las más conocidas. Ellos, han triunfado o al menos, de alguna suerte influido y mucho, para que la Fórmula 1 sea lo que es.

El arte tecnológico de punta. Si bien, es cierto que otra historia se ha venido cociendo, en lo que ahora remata en uno de los cuarteles generales más mencionados en el mundillo de la gran fórmula y también, en la construcción de autos callejeros con precios exorbitantes: Woking, en Inglaterra, la sede actual de McLaren.

Mucho más que una marca, Mac, es una leyenda que nació a partir de un tipo genial; quien además de ser un corredor competente, tenía la inventiva fantástica para concebir y crear bólidos de altas velocidades. Llegó para quedarse siempre en el mundo, Bruce McLaren, mecánico de fantasía cuya vida, fue la fascinación de crear los coches más veloces posible. Había nacido en Nueva Zelanda en 1937 y se mató muy joven, corriendo uno de sus coches en GoodWood, por el año de 1970. Él también será recordado por sus otros autos sin capacete, fórmulas puros; barquetas o prototipos, grupos C, o como quiera que se los recuerde. La mayoría, de color anaranjado y hasta con un kiwi como figura afectiva.


Era una época en la cual Nueva Zelanda y Australia, hacían desfilar por Europa el talento de enormes maestros, como pudieron haber sido también Jack Brabham o Denny Hulme. Aquellos años románticos en los cuales, los pilotos le metían muy duro a las herramientas, actuaban como gestores de su actividad y también, corrían pruebas en cuanta categoría fuera posible. Por entonces, ser estrella del deporte sólo se lo lograba, mediante sacrificios de gran calado.

No se olvide que en aquellos años felices, armar un equipo, era sólo posible redondeando la proeza de
habilidades singulares y de jugarse los ahorros cada fin de semana, además del pellejo.

Es una epopeya lo que dejó construido e instruido McLaren, aunque luego sus sucesores –indiscutiblemente– hubieran puesto mucho de su parte para inscribir el nombre en la mitología del automovilismo de siempre. Con uno, por encima del resto, aunque ahora haya quien diga que ya es obsoleto. Ron Dennis, un verdadero “águila descalza” que supo fijar el ojo en la infraestructura que creó Bruce y la engrandeció, hasta disputar de tú a tú con Ferrari. Lo que se oye como algo muy fácil, pero que nadie más lo ha conseguido, con tanta bravura y finura.

RD fue muy hábil al coger entre sus manos una crisálida y convertirla en esa mariposa de gran valor y con fuerza, como para llegar al más alto vuelo. La base estaba creada, y lo ingenioso fue reunirla con el “Project Four”, un buró de desarrollo de autos de competición de Dennis, quien traía una escuela que empezó en Cooper y maduró junto a Jack Brabham. Se trata de un experimentado ejecutivo de equipos, que estuvo listo para encabezar una empresa que sería fenomenal. Y lo hizo, adquiriendo fuerza y valores de la compañía de McLaren; un tanto a la deriva, hasta que Ron se convirtió en el dínamo que requería. Rey Midas de hoy.

Por cierto, desde que R. Dennis arribó al mando, en 1980, sus autos llevan las siglas MP4 en las siglas y números de los modelos. Su hoja de servicios es basta, y se la reconoce —en breve— por ser la segunda en importancia de la historia, sólo por debajo de las hazañas de los de Maranello.

ANTES Y DESPUÉS

Lo que había ocurrido desde 1966, hasta su más reciente corona en 1998, ha sido un modelo ejemplar de nacimiento y maduración. Ya en el siglo XXI, se lo puede ver como la etapa de la experiencia a tope y hasta si se quiere, como un lapso de decadencia. Sin embargo, hay tanto entre sus activos y metido en los legajos de la empresa: que en cualquier año retomará la altura.

Ese es su destino natural.

Tan fácil es comprender su grandeza, al quedar patente luego de que se enumeran algunas de las grandes figuras quienes han tenido cobijo en la organización: Mika Hakkinen, Hulme, Niki Lauda,
James Hunt, Emerson Fittipaldi, Keke Rosberg, Jody Sheckter, John Surtees, Nelson Piquet, Nigel
Mansell, Gerhard Berger, Jochen Mass, Patrick Tambay, Juan Pablo Montoya, Andrea de Césaris,
Peter Revson, Jacky Ickx o Gilles Villeneuve.

Y por supuesto, más de uno de los pilotos quienes hoy están en activo, empezando por el mexicano Sergio Pérez; también, y por encima de todos: el tricampeón Lewis Hamilton. Así como los de su alineación de este año: Jenson Button y Fernando Alonso.

No obstante, si hay una época que perdurará en la memoria de la afición, será la primera que vivió
asociada con Honda. En los años en los cuales Alain Prost y el paulista enorme, Ayrton Senna, dejaron escritas páginas incomparables. Sólo por mencionar esa, que fue una campaña de las más extraordinarias de siempre: la de 1988, con 15 victorias de 16 posibles.

Su palmarés es más que elocuente: en 50 temporadas: largó en 705 ocasiones. Con 10 diferentes motoristas: Mercedes Benz, Ford Cosworth, TAG Porsche, Peugeot, BRM, Alfa Romeo, Ford,

Serenissíma y Clímax.

Un listado de 62 pilotos. Que han obtenido hasta 182 triunfos. 155 Pole Positions. 153 vueltas + rápidas en carrera. 485 podios. 47 dobletes y 5,040.50 puntos.

En fin, se trata de una mega-empresa con millones de caballos de fuerza en su historia y con tanta
riqueza acumulada, que tendrá que resucitar. Ya lo verá. Sino lo consigue en el año que viene, lo
hará en 2017 con los cambios que se avecinan.

Muy amigable mente,

Ángelo della Corsa

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Acerca de este artículo
Series F1
Tipo de artículo Análisis