¡A Mil Por Hora! En tono lírico, se merece antes de empezar un nuevo torneo 

La victoria es una marca que deja sus trazas imborrables en la palma y en el alma de los hombres, de los súbditos que los veneran, de los amos a quienes pertenecen, de los mortales y de la lista completa de los seres del olimpo.

La Victoria, también es una figura. Es un soplo. Un viento repentino, helado, que recorre por encima de la espina dorsal a los más osados. Y los deja erizados para siempre. Beneméritos. Sordos. Mudos. Infinitos.

Ella es una virgen. Es un sueño. El mensaje en clave y ese anhelo que ha de cumplirse. Es el canto ante el cual sobra y zozobra la cera de las abejas en el laberinto de la escucha. El vino más dulce, que el del sabor de la biznaga de los subterráneos. Es flor, es piedra preciosa, ave tozuda, onda en la mar; es una vela inflamada de Siroco. La Victoria es mujer y por ello mismo, es capricho caprichudo, y albur, y mensaje a la isla desierta en docena de botellas, sin corcho.

Se sabe de ella que elige sin compasión a sus adoradores y a sus fieles. A su geografía y a su templo. A su carnaval y a su altar de sacrificios.

Como el día en que dijo –o musitó, ya que nadie quiere volver a mencionarlo– “Tú eres Pedro y a ti, te he tomado como el amante y como el cáliz de la dicha”. Aunque la alegría dure nada más un instante. Pum. Lo llenó de flores del jacinto y lo guardó para siempre en su cofre con las esmeraldas y los suspiros.

¿Exactamente como ocurrió? Difícil de asegurarlo. Cuentan que Pedro tenía sed y hambre de gloria. Que dormitaba ansioso esperando el principio del fin sin temor alguno. Alguna vez derramó la lágrima, otra, tan sólo el sollozo. También, una arenga para acordar. Lo que sí es, que Ella apuntó con su dedo infalible y lo hizo posar en su mano izquierda como al halcón y de ahí, en carrera veloz, lo catapultó hacia lo más alto de la riqueza.

Dicen los mayores, que ese día nació la felicidad de mar a mar, de río a río, en la plenitud del desierto y en las junglas. Y los helechos. Nunca más, volvió a ser el mismo Pedro. La misma piedra.

Los mortales lo consignan de un modo cándido y tácito: en Spa, Bélgica. El 7 de junio de 1970 ¿Exactamente cómo ocurrió?

Pues, con cierta rítmica.

Reina en la altura y en lo llano, hincó sus ojos en esa criatura cuando lo veía deslizar sobre el hielo con frenesí. Se quería acabar el mundo a puños. Tenía cara de inocente. Y a ese, a quien lo llamaban Gilles, lo hizo su nuevo tesoro, su objeto y sujeto; le encantó, como para dejarlo encantado. Hecho un gozo. Él, ni cuenta se dio, lo que sí, era que sentía que flotaba en una era. Que su aliento no tenía fin.

Y no lo tuvo, hasta que lo tuvo y, aquí está.

Se sabe a ciencia cierta que fue por los caminos de una isla, sobre un río. En un país que era suyo y empezó a ser de ella, a un tiempo y para siempre; está en la agenda como esa sorpresiva jornada del 8 de octubre de 1978.

Nada volvió a ser igual. Lo enredó en un torbellino, para dejarlo en la memoria del colectivo como a uno que emprendió el asa vertical muy alto. Y así fue que pasó al listado de los eternos. ¿Exactamente cómo ocurrió? Difícil pregunta de responder.

De la siguiente manera. Sintió tristeza y alegría La Victoria por él y por lo aciago de su destino. No supo a las claras, si lo convertiría en su ciervo o en su señor; pero leyó hasta el fondo de su mirada que era el dueño de un corazón cándido como no hubo otro. Entrevió que tenía él, no se sabe qué, del párvulo y también como dueño de la fuerza del herrero y del yunque. De un mazo.

Donde puso el ojo metió, o mejor dicho, ensartó su jabalina. Ella, se adueñó de un nuevo espíritu inflamable.

Supo al instante de su arrojo y de que –en adelante, él– no le temería más, a nada. Eso, le dio seguridad y pena a la diosa. Lo bautizó para siempre con el apelativo más melancólico que se podría opinar, dadas las circunstancias. Bienamado. Uno, como dueño de la magia. Todo en sí. Mágico. A. S.

Está escrito en papeles oxidados que fue de tal modo o de otra manera… …los mortales a lo más que atinan es a dejar una coordenada estólida: Sí. Fue en Estoril, en abril y en Portugal, un día 21 de 1985.

Alguien tiene la obligación de precisar el asunto y decir puntualmente, cómo fue que ocurrió ¿Exactamente cómo?

Interminable el relatarlo. Se había apoderado sin mesura de otros en otro tiempo: Alberto, Wolfgang, Jim, Jochem, Ricardo, Elio: ¡Saravá!

¿Qué hace con ellos? ¿Con cuál hechizo los hechiza? Nadie lo comprende. Pero de su seno, no retornan jamás.

Y seguirá. Por seguro que lo hará… ...Porque la ambición de su majestad, fue, es y será: un recurso ilimitado y no renovable. Ella, es quien corona con la de laureles, sólo y nada más a quienes escoge. Nada más a ellos. Únicamente a ellos.

A su mandato hay que resignarse. Alada o en el fondo de la incógnita. Lo es todo. La Victoria. 

Ajá. La Victoria es una marca. Es la marca. La Victoria es una marca.

Muy amigable mente,

Ángelo della Corsa

 

Sé parte de algo grande

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