Cuando jubilar el fax no es suficiente

Nueva columna de nuestro colaborador Albert Fábrega en la que analiza el nuevo reglamento que ha aprobado la F1 para ponerlo en marcha a partir de 2017.

Habemus nuevo reglamento. Sí. La F1 se ha puesto de acuerdo, o al menos ha conseguido la mayoría necesaria para poder llevarlo adelante. Un reglamento técnico y deportivo, diferente, muy diferente. No solo se trata de un reglamento que nos permitirá ver coches más agresivos, seguramente más espectaculares, sino que también serán más rápidos y esperemos que más igualados. La verdad es que aún es una incógnita en qué medida va a afectar esta nueva normativa a cada uno de los actores implicados, pero sí que es verdad que la única manera de cambiar las inercias en la F1 es con un cambio sustancial en la normativa, y esta lo es.

No esperen que en 2017 Mercedes sea último y Sauber primero, ni que Manor vaya a luchar de tú a tú con Ferrari. Los “big brothers” – así se llama en el paddock a los equipos poderosos – seguirán marcando el ritmo y las diferencias. Pero la nueva normativa siempre abre nuevas vías, nuevos caminos en los que los más listos pueden dejar en evidencia a las poderosas maquinarias de los que más dinero derrochan, aunque sin ganarles. Y de paso, podríamos ver algunos cambios en la parte superior, si realmente son capaces de igualar las prestaciones de los motores.

En F1, los acuerdos van siempre precedidos de un vía crucis de declaraciones, reuniones, contrariedades, amenazas y especulaciones, y en este caso no ha sido diferente. Pero a diferencia de otros sainetes, esta vez la F1 se ha dado cuenta que se estaba equivocando. Qué había que cambiar para salvaguardar los intereses globales y no los individuales. Aquí todo el mundo ha luchado por lo suyo, sin duda: Mercedes para que no se tocara nada, Ferrari para seguir siendo la mejor pagada, McLaren para poder enderezar el fiasco de Honda, Renault para poder recuperar el terreno perdido, Red Bull para poder tener un motor no dependiente, los privados para ingresar más pagando menos, la FOM para seguir ganando más y la FIA para hacer ver que manda más que nadie. Todos, absolutamente todos, han barrido hacia sus casas, no lo duden, pero al final se han puesto de acuerdo en cambiar las cosas. Y eso, lejos de ser malo para nadie, es bueno para la F1, y por ente, para todos.

Lo peor ha pasado. Y lo digo con la esperanza de que los cambios no se queden aquí. La F1 está equivocada en muchas otras cosas y debe ponerse al día. Lo que ha ocurrido estas semanas ha dejado en evidencia al sistema que gobierna esta F1: obsoleto y, además, oxidado. No me vale con que ahora el voto ya sea electrónico y no por fax. La F1 debe modernizar su estructura sin hacerla futurista, hacerla unilateral sin ser dictatorial, pero también hacer que el autorretrato deje paso al selfie, que la opinión valga más que la estadística y que una grada llena pese más que un puñado de petrodólares. La regeneración debe seguir y si no son capaces de cambiar el guión, habrá que cambiar a algunos actores. 

La F1 resistirá y sobrevivirá a todo y a todos. Como lo hizo el más grande, hace ahora 22 años. Senna nació, vivió, apasionó, pero nunca murió. Eterno. Obrigado.

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