No perdamos de vista los grandes circuitos

Si la Fórmula 1 aceptó correr en Bakú, ¿por qué no pensar un Gran Premio en el viejo Nürburgring? Mauricio Gallardo abre el debate.

En muchos casos el automovilismo se volvió híbrido e hipertecnológico, en un paso inexorable. Paralelamente las pistas se volvieron impersonales o algo similar.

Los circuitos tradicionales, con historia y una mística insoslayable, en la mayoría de los casos van quedando en el camino, al menos para las grandes series del motorsport, cada vez más demandantes en cuanto a seguridad y a los aportes económicos para sustentar el show.

Donde más se acentúa esta tendencia es en la Fórmula 1, con calendarios que fueron incorporando numerosos escenarios, en países con nula tradición automovilística pero dispuestos a pagar sumas siderales para tener el gran circo.

Paralelamente, los organizadores de carreras en lugares emblemáticos vieron perder sus plazas, agobiados por las deudas y superados en infraestructura en comparación con las modernas construcciones que se lucen en las imágenes al mundo.

Circuitos sin carácter pero seguros, sin historias pero vistosos, nuevos mercados para el deporte, que de no ser por los aportes oficiales no se podrían sostener en el tiempo, simplemente porque no venden más que un puñado de tickets.

Mientras tanto la vieja guardia resiste con la presión de quedarse afuera en cualquier momento. Casos como Spa-Francorchamps o Monza son dos de los ejemplos. Pistas indiscutidas desde cualquier punto de vista, pero siempre en la cornisa por el tema del dinero, ya que las demandas económicas superan hoy en día cualquier recaudación posible.

Hablan de cientos de miles de millones en sedes de Asia o en los Emiratos Árabes, lugares que pueden comprar lo que se les ocurra, más como un gusto personal de quienes toman las decisiones que por el clamor de los fanáticos que casi no se ven.

En todo este embrollo de hacia qué lugar quieren llevar a la Fórmula 1, surgen más apreciaciones. Una de ellas es positiva con lo que significó la recuperación del Gran Premio de México, en el Circuito Hermanos Rodriguez, una pista con historia y donde el público dice presente con un fervor maravilloso.

Por otro lado se habla de la posible caída de Interlagos y el regreso de Argentina, en Buenos Aires. En este caso la historia y popularidad no se discute tanto en la tierra de Fittipaldi, Senna y Piquet, como en la de Fangio, Froilán González y Reutemann.

Por último, el reciente paso de la Fórmula 1 por Bakú, en Azerbaiyán, dejó en claro que la tendencia impulsada por las fastuosas sumas de dinero no es algo que vaya a terminarse pronto. Apenas 14.000 tickets vendidos para el denominado Gran Premio de Europa, en un circuito impersonal y con muchos cuestionamientos en el ámbito de la seguridad.

Esto nos lleva a preguntarnos: ¿por qué no equilibrar?

Al fin y al cabo la Fórmula 1 es una competencia de autos y pilotos. No debería actuar solo como agencia de turismo y mostrarnos lugares sorprendes, también debería ocuparse de ir a pistas donde se puedan generar mejores carreras.

Y si aceptaron ir a Bakú, cómo no pensar en el Nordschleife, el viejo Nürburgring?

De pronto uno quisiera olvidar que en los organizadores de Nürburgring no podrían pagar jamás lo que hoy cotiza un Gran Premio.

A esta altura, la apuesta del WTCC de correr en el maravilloso "infierno verde" puso al mundial de autos de turismos en un lugar de privilegio que ninguna otra categoría FIA puede amenazar, ni siquiera la Fórmula 1, que elige Azerbaiyán.

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