Un podio de mentira

Nuestra columnista Nira Juanco analiza las polémicas decisiones de la FIA tras caer la bandera a cuadros del GP de México.

Por la televisión se ve espectacular, así que no me quiero ni imaginar lo que se debe sentir estando encima de él, en cualquiera de sus cajones. El podio de México es único, sólo comparable al de Monza y los pilotos sueñan con subirse a él para darse un baño de masas con los aficionados que abarrotan el Foro Sol, un antiguo estadio de béisbol. 

Pero la foto que quedará para el recuerdo de la carrera de 2016, con Hamilton, Rosberg y Vettel bañados en confeti con los colores de la bandera mexicana, no fue real porque el del pasado domingo fue un podio de mentira. Sinceramente, creo que la Fórmula 1 no salió bien parada del GP de México.

Ya fue extraño ver cómo Max Verstappen se preparaba para ir a recoger su ansiado trofeo como tercer clasificado y, mientras dialogaba alegremente con Hamilton y Rosberg, le echaban en directo de la sala porque acaban de sancionarle con cinco segundos por acortar las curvas 1 y 2 cuando se defendía del ataque de Vettel. Con una sonrisa nerviosa, podíamos ver cómo se despedía de los pilotos de Mercedes quienes precisamente habían hecho los mismo que él en la primera vuelta. 

El podio se le sigue resistiendo al piloto alemán. Olvídense de lo que vieron por televisión, redes sociales o prensa.

A pesar de lo dantesco de la situación, muchos aplaudimos la rapidez con la que se tomó la decisión para evitar un podio que no iba a ser real. E ilusos de nosotros pensamos que lo que quedó inmortalizado para la historia era menos mentira. Un feliz Sebastian Vettel saboreando el champagne que se le resistía desde el GP de Italia junto a Hamilton y Rosberg. Un trago que seguro que le ha dejado dolor de cabeza.

Porque el podio se le sigue resistiendo al piloto alemán. Olvídense de lo que vieron por televisión, redes sociales o prensa. Tres horas más tarde, los comisarios decidieron sancionarle con 10 segundos por cambiar de dirección en la frenada cuando defendía su posición con Riccciardo. Hizo lo que la reciente Ley anti-Verstappen, creada tras el GP de Japón a petición de los pilotos cansados de las polémicas maniobras defensivas del joven holandés, prohíbe hacer.

Sinceramente, lamentable. No la imagen de Daniel. No. Él se merecía inmortalizar y celebrar de algún modo que se había hecho justicia. Sino por la FIA.

Así que ni Max, ni Sebastian. Daniel Ricciardo subía con nocturnidad y alevosía al tercer cajón del podio. Porque el australiano, nada más conocer la buena nueva y a pesar de que caía la noche sobre el Autódromo, no se quiso perder la experiencia de subir a ese podio tan especial. Pero en lugar de miles de aficionados coreando su nombre, ahí sólo estaba parte de su equipo, su compañero Verstappen y algunos fotógrafos y medios de comunicación.

Sinceramente, lamentable. No la imagen de Daniel. No. Él se merecía inmortalizar y celebrar de algún modo que se había hecho justicia. Sino por la FIA. No puede ser que se privara al público de disfrutar de un podio real. Que en el trascurso de tres horas hubiera hasta tres pilotos diferentes en el tercer escalón. Que se tardase tanto en tomar la decisión. Y todo esto sin polemizar en torno a la falta de unanimidad de criterio a la hora de sancionar. Porque las redes sociales aún echan humo con la no penalización a Hamilton quien, al fin y al cabo, hizo lo mismo que Verstappen.

En fin, es un pena que el GP de México 2016 sea recordado en gran medida como el del podio de mentira.

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Acerca de este artículo
Series F1
Evento GP de México
Sub-evento Post carrera domingo
Pista Autodromo Hermanos Rodriguez
Tipo de artículo Artículo especial
Etiquetas charlie whiting, daniel ricciardo, ferrari, fia, gp de mexico, gp mexico 2016, max verstappen, red bull, sebastian vettel