Para ganar, primero hay que llegar

Le Mans en Endurance, Polonia en el WRC, Assen en MotoGP, muestras recientes de que en el motorsport siempre para ganar, primero hay que llegar, escribe nuestro columnista Mauricio Gallardo.

Nunca más vigente una de las reflexiones que nos legó el quíntuple campeón del mundo Juan Manuel Fangio.

En épocas donde el hombre y la tecnología creen tenerlo todo bajo control, el deporte sigue dando muestras de que no todo está perdido.

Las muestras sobran a lo largo del tiempo y son infinitas las situaciones que se recuerdan, como por ejemplo; la victoria trunca de Carlos Reutemann en el Gran Premio de Argentina 1974, aquel triunfo que dejó ir Nigel Mansell saludando en Canadá 1991, ese título perdido para Carlos Sainz en el Mundial de Rally a metros del final en 1998, el festejo del campeonato ahogado a Felipe Massa, por un último rebase de Hamilton en Brasil 2008, y la lista sigue...

Siempre con el común denominador de un final abrupto, inesperado, provocado por el hombre, las máquinas o distintas circunstancias que escapan a cualquier estrategia bien planificada

Afortunadamente, por más cruel que pueda sonar para los que quedan a las puertas de la gloria, el motorsport siempre tendrá un final abierto hasta que se cruce la línea de meta, así era antes y así es ahora.

Quizás quienes más claro tengan este asunto son los mismos pilotos, que no gustan de hablar de ningún resultado puesto por más contundente que hayan sido.

El entorno más cercano, el mismo público o hasta quienes transmitimos la pasión que genera el motorsport, somos muchas quienes damos por hecho situaciones antes de que sucedan.

Lo que ocurrió en las 24 Horas de Le Mans este año, con el Toyota perdiendo potencia a solo 4 minutos del final, cuando se encaminaba a su más grande conquista, es una muestra más de que aunque la tecnología avance a pasos agigantados, no todo puede ser programado.

Recientemente el Rally Mundial en Polonia, nos mostró nuevamente qué para ganar primero hay que llegar y cuando casi todos daban por hecho el bautismo triunfal del estonio Ott Tanak, un simple pinchazo lo retrasó lo suficiente como para aplazar su ingreso al club de los vencedores, al menos hasta ahora.

La caída de Valentino Rossi cuando era líder en el caótico Gran Premio de Assen del MotoGP hace apenas un par de domingos, también reflejó que nadie escapa a la regla. Ya sea el más laureado que busca acrecentar sus conquistas, como aquellos que buscan sus primeros grandes logros, todos pueden quedar atrapados en ese misterioso asunto que el deporte motor tiene como matriz de grandes emociones.

Celebramos que esto no pueda ser modificado por ningún instrumento tecnológico ni mucho menos por alguna ridícula regla para mejorar el show.

También, resulta fantástico pensar que todo lo que reflexionó un adelantado como Juan Manuel Fangio, hoy siga tan vigente en un deporte que se ha transformado en muchos aspectos, pero que aún guarda el suspenso hasta el final, porque como él bien decía, las carreras terminan cuando se baja la bandera a cuadros.

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