¿Se apaga el arte de manejar?

Mauricio Gallardo nos recuerda la manera en que las innovaciones tecnológicas han ganado terreno dentro del deporte motor, modificando para siempre la forma de conducir las máquinas más veloces del mundo. ¿Hasta dónde llegarán?

Las innovaciones tecnológicas que llegan a pasos agigantados al deporte motor, modifican permanentemente los estándares de seguridad, al tiempo que aumentan las prestaciones y tratan de hacer las máquinas de competición más amigables con el medio ambiente.

Ahora bien, todos estos factores, visiblemente positivos en muchos aspectos, también afectaron y modificaron el maravilloso arte de manejar, nada más ni nada menos, transformando a los corredores en conductores.

Una de las bases del motorsport era ver a los más intrépidos y avezados pilotos dominar a las bestias más poderosas, correr en circunstancias extremas y muchas veces a velocidades de miedo.

Pilotar máquinas de dos y cuatro ruedas a puro coraje, instinto y experiencia eran los lemas de otros tiempos. No se conducía con una batería de asistencias tecnológicas, se corría con una destreza que requería talento del más fino.

Esto obligaba a los pilotos a improvisar bajo circunstancias extremas, ya sea por problemas mecánicos o por situaciones de carrera, en todo momento el feeling del competidor era el que podía fabricar una excelente maniobra o un desastroso final.

El arte de manejar que se apreciaba hasta no hace mucho tiempo, no tenía aliados como la electrónica, capaz de gestionar la mayoría de los componentes que integran un vehículo de carreras, monitoreando absolutamente todos los detalles.

Antes se patinaba, se derrapaba ante un exceso del piloto a la hora de aplicar potencia. Podías ganar valioso tiempo o estallar en pedazos cada pieza del motor, no había sensores para prevenir ni para modular la furia de cada HP, eso era todo un arte en sí mismo.

El pie derecho apretando en la dosis justa, tan preciso como el momento del frenado, era sensibilidad pura, talento puro, un desliz y pegabas contra el guard rail en el mejor de los casos.

Tampoco estaban las escapatorias asfaltadas, esas que si hoy se exceden en un frenaje, permiten que todos sean extraordinarios y sigan su curso. El oficio era mucho más demandante antes, aunque hoy se corra mucho más rápido.

En el motociclismo se aprecia con más fuerza como evolucionó el arte de manejar, porque antes la medida de gas o potencia la decidía y la gestionaba el piloto. De su precisión con el puño derecho y la sensibilidad a la hora de frenar, dependía absolutamente todo.

A diferencia de los tiempos modernos, donde la electrónica decide en qué curva dar más o menos potencia, antes esa era labor pura y exclusiva de los riders. Claramente había que tener mucho más que talento para tener éxito en cada misión, montado sobre 240 HP.

Mapeo del motor, sensores, control de tracción, anti wheelie, cambios secuenciales casi automáticos, son algunas de las herramientas de las que gozan los competidores de la actualidad. Esto no resta ningún mérito a los pilotos actuales, al fin y al cabo, ¿qué culpa tienen ellos de vivir en estos tiempos?

Está claro que nada volverá atrás, pero resulta interesante analizar, según la opinión de ustedes los fanáticos del motorsport, qué categorías y qué pilotos conservan aún la magia y la pureza del arte de manejar, si es que aún no se apagó.

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