'Las 500 millas con retrovisor', por Albert Fábrega

Nuestro columnista valora el espectáculo que rodea a las carreras de automovilismo estadounidenses y el legado de los pilotos españoles que no han tenido tanto éxito como Fernando Alonso o Carlos Sainz padre.

El pasado fin de semana hemos tenido una evidencia más de que el motorsport es uno de los deportes más globales del planeta. La participación de Alonso en Indianápolis nos ha demostrado, una vez más, que hay vida más allá de la F1. Dos mundos diferentes que lo seguirán siendo. No voy a entrar a analizar la sensacional actuación de Alonso en el cómputo de su participación en tal singular carrera. No hace falta y si les soy franco, no esperaba menos. Es un fenómeno. Pero tampoco quiero entrar a evaluar el concepto americano de las carreras y su manera de entenderlas. Es un auténtico espectáculo, reflejo de su manera de ser y de cómo enfocan los eventos de esta índole. Quiero ir un poco más allá. 

Cierto es que las #Indy500 están ahora en el calendario de muchos que, como yo, no se habían parado nunca a entender el funcionamiento de tan majestuosa carrera. Su magia no solo reside en 200 vueltas a más de 370 km/h, sino también en los previos, entrenamientos, clasificación… Lo que debería ser un conjunto de puros trámites, el tiempo los ha transformado en un auténtico espectáculo lleno de tradiciones intocables e imborrables. Una atmósfera especial que la han convertido en uno de los mejores espectáculos del mundo de la competición. No digo el que más. No seré yo quien los ponga en una tabla y los ordene. Pero su grandeza también la han forjado los nombres que allí han intentado llevarse tal desafío.

"No quiero minimizar la valentía y coraje de aquellos pioneros que se lanzaron a la aventura cuando aquí el motor era casi un desconocido"

La grandeza de pilotos como Alonso recae en su herencia. Y no, no me refiero a los títulos conseguidos. Por encima de los laureles, hay pilotos que contribuyen a ensanchar y expandir la cultura del automovilismo que, de paso sea dicho, tanto nos falta. Muestra de ello es que mucha gente (seguramente no tanta como 2016) siguió el Gran Premio de Mónaco sin él. Pero también mucha gente (seguramente no tanta como este 2017) seguirá la 102 edición de las 500 millas de Indianápolis en 2018. Este es el mejor legado que un piloto puede dejar. Y ojalá Alonso vaya a Le Mans en un futuro no lejano y levante las mismas –o más–  audiencias e interés que ha suscitado su participación en las #Indy500.

 

Sean admiradores o detractores, apasionados o meros espectadores, a los que lo ven como un dios o a los que lo consideran uno más. Alonso es un fenómeno de masas que ha metido este amado deporte en hogares en los cuales solo se hablaba de futbol. Y con ello no quiero minimizar la valentía y coraje de aquellos pioneros que se lanzaron a la aventura cuando aquí el motor era casi un desconocido, pese a todo y todos los que ya estaban. Al contrario. Figuras como la de Alonso o Sainz padre tienen el mismo valor en mi particular Olimpo que nombres como Villota, Campos, Pérez Sala, Vélez, Zanini, Servià…

Probablemente no habríamos tenido los unos sin los otros. El homenaje y mi agradecimiento es para todos ellos, los pocos que he mencionado y a los muchos que no. Y es que siempre he pensado que para saber a dónde ir no hay que olvidar nunca de dónde vienes.

 

Sé parte de algo grande

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Acerca de este artículo
Series IndyCar , F1
Evento Indy 500
Pista Indianapolis Motor Speedway
Pilotos Fernando Alonso
Tipo de artículo Artículo especial
Etiquetas alonso indy 500, alonso mclaren, indianapolis 2017, indy 500 2017, mclaren indy500