El motor de la ilusión

Martín Urruty nos habla sobre esa vida cruel y la mala suerte de cierto piloto con su motor, frente a su gente, y en su casa.

Aunque centenares de ingenieros se ocupen y preocupen por acorralar el azar, a menudo la suerte se muestra omnipotente y decide en las carreras. Algo de eso ocurrió en Mugello, según admitió el propio Jorge Lorenzo ya ganador del Gran Premio de Italia y ahora más firme en el liderazgo del Mundial de MotoGP. Y no porque haya que atribuirle única responsabilidad a la fortuna por la rotura del motor de su compañero Valentino Rossi, quien hasta el momento de la falla aparecía como el rival más incómodo para el campeón. La providencia jugó a favor de Lorenzo en ocasión de su propia avería de impulsor.

Si acaso el tricampeón de MotoGP hubiese dado una vuelta menos en la prueba libre matutina, warm up según figura en los programas, probablemente habría guardado su moto en el garage esperando la carrera y justo entonces el motor habría explotado. Y ninguna Yamaha oficial hubiese alcanzado la meta en la pista florentina. La temprana defección de la máquina le permitió a Lorenzo contar con un motor fresco para el compromiso en Mugello, uno de los circuitos más exigentes para los impulsores. Andrea Iannone rozó los 355 km/h de velocidad final según la medición oficial en la recta principal, pero se calcula que las motos superan verdaderamente los 360. 

En ese tramo de 1.141 metros, desde la salida de Bucine hasta frenar en San Donato, los motores pasan más de una docena de segundos acelerados a pleno y casi al final encuentran una exigencia extra: la pendiente de la pista suele dejar durante un instante la rueda trasera en el aire, lo que lleva al neumático a girar libremente y el impulsor alcanza más revoluciones que las aconsejadas. Rossi, además, viajó buena parte de las primeras nueve vueltas, lo que duró su estadía en competencia, detrás de Lorenzo en la recta -la diferencia más grande fue de 140 milésimas- tratando de sacar provecho del andar en tandem. Eso pudo haberle quitado refrigeración al motor de Valentino en plena demanda de máxima potencia.

El motor roto en la M1 de Lorenzo era el tercero que usaba esta temporada y había sido montado en Jerez de la Frontera. En su foja de servicios figuraban 12 sesiones de entrenamientos y dos carreras. No estaba al final de su ciclo útil. Por caso, los anteriores dos impulsores usados este año por el palmesano habían pasado por 21 y 23 tandas de prácticas respectivamente, y también habían corrido dos carreras cada uno. El impulsor que dejó a Il Dottore a pie en Florencia tenía incluso menos kilometraje de uso que el detonado en la Yamaha de su compañero. Esa fue una de las razones por las que Valentino salió a correr con el mismo motor pese a la señal de alarma encendida por Lorenzo.

La ocasión de la rotura padecida por el mallorquín sólo benefició al propio damnificado. Su equipo no tuvo más remedio que cambiar el motor para la carrera. Mientras los ingenieros de Yamaha se preguntaban qué pudo haberse roto al tiempo que el examen preliminar mostraba el carter sin aceite, lo que hacía presumir que la falla había sido en la parte superior, en el rincón de Rossi calculaban cuánto tiempo faltaba para la carrera y si era menester arriesgarse a cambiar su impulsor que tenía menos uso que el de Lorenzo. Se sabe qué ocurrió finalmente. Y que ahora los dos motores rotos están en Iwata al tiempo que Yamaha estudia si debe pedir una dispensa especial para modificar alguna parte.

Los impulsores de MotoGP están sellados para toda la temporada y cada piloto puede usar siete como máximo (dos más que hasta 2015). Sin embargo, existe un hueco por el cual Yamaha podría colar una petición para hacer un cambio de piezas. Ese pedido debería ser aprobado de manera unánime por el resto de los constructores y recién entonces Danny Aldridge, director técnico de MotoGP, autorizaría la modificación. Sin embargo, dada la competencia entre los fabricantes, el camino parece escarpado. 

Honda, por caso, atraviesa un calvario propio derivado del diseño de su motor y sabe que poco podrá hacer de aquí a fin de año. Y desde el resto del paddock se aprecia cómo las M1 satélites del equipo Tech3 no han tenido problemas de confiabilidad, acaso porque cuentan con un límite de revoluciones más bajo impuesto por Yamaha para que sean más fiables. Cualquiera podría sugerirle al flemático Lin Jarvis que use él las motos de Lorenzo y Rossi como le impone a Herve Poncharal que lo haga con las de Pol Espargaró y Bradley Smith. 

Rossi perdió más que un podio seguro en Mugello. A Vale se le escurrió la posibilidad de ganar frente a su gente, algo que no consigue desde 2008. Y también perdió el paso en el Mundial, algo que había recuperado luego de la caída de Marc Márquez en Le Mans. El Gran Premio de Italia perdió una batalla de fuego cruzado entre Lorenzo, Rossi y Márquez en las vueltas finales. Sólo ganó Lorenzo. Y el motor de su ilusión está en marcha.

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Acerca de este artículo
Series MotoGP
Evento GP de Italia
Pista Mugello
Pilotos Valentino Rossi , Jorge Lorenzo
Equipos Yamaha Factory Racing
Tipo de artículo Análisis