"Un juego simple", por Martín Urruty

Nuestro columnista nos habla de ese ganador nato llamado Marc Márquez y su increíble carrera en MotoGP.

"Un juego simple", por Martín Urruty

 

Marc Márquez, Repsol Honda Team
Marc Márquez, Repsol Honda Team

Photo by: Gold and Goose / LAT Images

Marc Márquez aún no había nacido. Cerca de la medianoche del miércoles 4 de julio de 1990, en Turín, consumada la derrota de Inglaterra frente a Alemania por penales luego de haber igualado 1 a 1 en la semifinal del Mundial de Italia, el exquisito delantero Gary Lineker, autor del gol del empate británico y del primer penal en la definición, soltó una frase con destino de posteridad: "El fútbol es un juego simple: 22 jugadores persiguen la pelota durante 90 minutos y al final siempre ganan los alemanes". Alemania fue campeón cuatro días más tarde en Italia 90 -derrotó a Argentina en la final-, cuartofinalista en los siguientes dos mundiales, finalista en Corea-Japón 2002, tercero en su casa, en 2006, y en Sudáfrica 2010, y otra vez campeón -y vencedor de Argentina- en Brasil 2014. 

Lineker jugó tres años en Barcelona pero ya no era culé cuando en 1992 el club catalán ganó su primera Copa de Campeones, como se llamaba entonces la actual Champions League, al derrotar 1 a 0 a Sampdoria con un tanto del holandés Ronald Koeman en tiempo suplementario. Julià Márquez y Roser Alertà, entonces una joven pareja que se había conocido cuatro años antes, siguieron el partido por televisión. La celebración fue tal aquella noche en casa, según han confiado los Márquez, que poco después Roser estaba embarazada. Marc Márquez nació ocho meses y 28 días más tarde de la final en Wembley.

Desde que el español debutó en MotoGP, parafraseando a Lineker, el Mundial de motociclismo se ha vuelto un deporte simple: unos cuantos pilotos dan vueltas en una pista jugándose el pellejo y al final siempre gana Márquez. Luego de su victoria en Australia, antepenúltima fecha de la temporada, el catalán quedó al borde de su cuarto título en cinco años en la elite. Su triunfo, combinado con la opaca prestación de Andrea Dovizioso y Ducati, le permitió abrir 22 puntos más de diferencia, total de 33, cuando quedan 50 como máxima recompensa posible. Más allá de las cuentas y combinaciones que podrían ungirlo campeón ya en Sepang, Márquez lo será con terminar adelante del italiano, algo que ha logrado en ocho de las 13 carreras en las que ambos llegaron a la meta en 2017.

Como ocurrió dos años atrás también en Phillip Island, Márquez ganó una carrera épica. En aquella ocasión, la lucha por el triunfo involucró a menos pilotos pero estuvieron incluidos los que peleaban el título: Valentino Rossi y Jorge Lorenzo. Después de esa competencia, Rossi acusó a Márquez de haber jugado a favor de Lorenzo y con ello se inició una espiral de reproches y enfrentamientos en pista que derivó en roces, la caída del español en Malasia, sanción a Il Dottore y terminó por decidir el destino del título 2015.

Ayer partenaire y hoy protagonista de la batalla por la corona, Márquez jugó esta vez una carta fuerte en la isla australiana, donde Dovizioso penó con una Ducati que no rindió en el frío asfalto oceánico. Aunque Marc perdió en la partida desde la pole, nunca bajó del cuarto lugar en el pelotón de punta que llegó a tener ocho integrantes al tiempo que la carrera cambiaba de manos -hubo cinco líderes distintos- y se sucedían los ¡73 sobrepasos! entre los primeros siete pilotos que decoraron los 27 giros. Expectante al principio, el campeón apostó el resto cuando faltaban siete vueltas y contó con cierta ayuda de la fortuna: primero, cuando un topetazo del impetuoso Johann Zarco rompió el colín de la Honda pero no lo suficiente como para que se soltara, y luego cuando Maverick Viñales, quien en apariencia tenía ritmo como para atacar al líder al final, se enredó con Zarco y Andrea Iannone, recibió un toque del italiano y perdió tiempo en un momento crucial.

Australia no ha sido un sitio fácil para Márquez desde que ascendió a MotoGP. En 2013 fue excluido con bandera negra porque incumplió las reglas durante aquella polémica y corta competencia con obligatoriedad de cambiar de gomas porque el caucho no duraba todo el recorrido; ya campeón, se cayó en 2014, venció al año siguiente y rodó otra vez en 2016, en la fecha siguiente a su consagración como tricampeón.

Por eso, su triunfo este año cobra una dimensión mayor, suerte de golpe sobre la mesa luego de que Dovi le ganara un nuevo mano a mano en Japón, y vuelca el campeonato a su favor. La próxima cita tiene a su rival italiano como ganador más reciente, bajo el agua el año pasado, pero la distancia que le lleva a Dovizioso actúa como tranquilizante ante otro posible fin de semana lluvioso.

Habitué del podio en las últimas diez carreras, con la única excepción del abandono por rotura de motor en Silverstone, Márquez tiene a la mano su cuarto título en cinco años en la cilindrada mayor. MotoGP se ha vuelto un juego en el que una veintena de pilotos se juega la piel sobre motos a casi 350 km/h y, al final, siempre gana Márquez.

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