'Red Bull le borra la sonrisa a Ricciardo', la columna de Nira Juanco

Una nueva columna de nuestra colaboradora Nira Juanco en la que habla de la dolorosa manera en la que Daniel Ricciardo perdió la carrera de Mónaco.

Cuando paseas por primera vez por las estrechas calles de Montecarlo, es difícil imaginar que por allí pueda disputarse una carrera de Fórmula 1. Ya en la parrilla, que es una avenida que discurre entre edificios residenciales, te cuesta imaginar cómo pueden formarse los monoplazas sin rozar unos con otros. Luego llegas a Santa Devota con su capillita al fondo, que es la que da precisamente nombre a la curva, y recuerdas la de autos que han besado (y algo más) sus muros. Sigues por una carretera en ascenso, pasas Massenet donde el domingo se quedaron todas las aspiraciones de volver a brillar de Verstappen, hasta que finalmente llegas al famosísimo Casino. Y ahí, plantada frente a este fastuoso edificio, te das cuenta de que el Gran Premio de Mónaco es, al margen de talento, habilidad, concentración y valentía, una ruleta.

Es poner todo tu dinero a un color: rojo o negro. Cruzar los dedos para que la bola que va saltando de casilla en casilla, no decida en el último momento depositarse en el sitio erróneo y dejarte sin nada. Es ganar o perder. Y eso fue lo que pasó el domingo. Hubo un claro ganador, Hamilton. Y un perdedor, Ricciardo.

Hagan sus apuestas

El inglés hizo su apuesta. Alargar su stint con neumáticos de agua para poner directamente los slicks sin pasar por los intermedios. Y aquí volvió a arriesgar decidiendo calzar ultra blandos cuando quedaban 45 vueltas para el final. "Una locura, no durarán", pensábamos todos, especialmente sus rivales. Pero no. Aguantaron sin problema. Sencillamente, la bola decidió caer en su casilla, el 44. Su número y el de sus victorias. La suerte que tan esquiva le había sido esta temporada, esta vez estuvo de su lado.

En cambio a Ricciardo, a quien tan bien le había ido el sábado consiguiendo su primera pole en Fórmula 1 a las puertas del Casino, la suerte le abandonó el domingo. Digo la suerte por no decir su equipo, porque por muchas explicaciones que han dado desde Red Bull, no entiendo como esos neumáticos súper-blandos no estaban preparados. Esos 10 segundos de más que supuso su parada le condenaron y le robaron una victoria más que probable. Y no una cualquiera, sino una victoria en Mónaco, con lo que eso supone. Un triunfo batiendo a los Mercedes en pista sin trampa ni cartón. Por eso, a pesar de su segundo puesto, él se sentía el primero de los perdedores.

El 29 de mayo de 2016 lo voy a recordar no como el día en el que volví a ver a Hamilton sonreír después de 8 largas carreras sin saborear la victoria, sino como el primer día que no vi la sonrisa de Ricciardo. No le salía, su rostro estaba petrificado por la frustración y el enfado. Porque la caprichosa bola de la ruleta del Casino de Montecarlo estuvo por segundos en su casilla, hasta que una mala parada la hizo saltar por los aires. Y perder así duele...

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Acerca de este artículo
Series F1
Evento GP de Mónaco
Pista Monte Carlo
Pilotos Daniel Ricciardo
Equipos Red Bull Racing
Tipo de artículo Artículo especial
Etiquetas daniel ricciardo, formula 1, monaco gp, nira juanco, red bull